Plantas comestibles

-------------



Durante el último trimestre asistimos a las clases de “Plantas comestibles de origen silvestre”. En el taller se visualizaron fotografías y se estudiaron sus características, distinguiéndolas desde su nacimiento, ya que al principio de su floración son más tiernas y menos amargas. Para esta labor se realizaba una salida mensual al campo para ver su evolución.

Durante el curso se conocieron plantas silvestres, arbustos, tallos y vayas comestibles de la Península Ibérica. Nos sorprendió que la primera clase del curso consistiera en la identificación de las plantas tóxicas: acólito, cicuta, emborrachacabras, belladona, estramonio, tejo leño…

El trabajo de campo consistía en el reconocimiento de estas plantas comestibles en su entorno natural. La actividad se desarrolló sobre plantas predominantes en la cornisa cantábrica.

El sábado por la mañana se realizó una marcha, reconociendo y explicando las partes comestibles de las plantas, pero sin recolectarlas, cuidando el entorno natural.

En tiempos antiguos las plantas silvestres formaron parte de la alimentación diaria, además en épocas de escasez y penurias. De descanso en un hayedo se explicó que los pastores de la zona empleaban las hojas mascándolas, al igual que los indios mascaban las hojas de coca. El empleo de tallos tiene un gran valor nutritivo como los de las zarzas, el rosal silvestre, la vid.

Al mediodía pudimos degustar en el campamento base de una buena gastronomía silvestre: paté de aceitunas con pan de centeno, ensalada de diente de león y otras verduras, tortilla de ortigas y bulbos a las finas hiervas, y una gran variedad de infusiones caseras. Todo exquisito. Durante la tertulia se pudo disfruta de la bebida de los dioses “Hidromiel”.

El profesor Barea habló de la elaboración de venenos a través de la historia, desde la época de los romanos hasta la edad media. Envenenamientos a través de plantas silvestres, plantas psicotrópicas empleadas en brujería y por supuesto el empleo de venenos para la guerra.

Griegos y Romanos aparte de emponzoñar sus armas, a menudo envenenaban el agua de sus enemigos.

El Tejo (Taxu Baccata) era empleado por Celtas y Vascones para impregnar sus saetas y también como veneno para el suicidio. Otra planta empleada para este fin era el “eléboro”, de hay que se conozca como la “yerba de los ballesteros”. Los Escritas mataban víboras y las dejaban descomponerse en una vasija que luego llenaban de sangre humana, la sellaban y enterraban dentro de estiércol. Cuando la sangre podrida estaba llena de bacterias eran empleadas para emponzoñar sus armas. También arsénico y vísceras de cerdo eran maceradas durante un mes hasta su putrefacción. A veces simplemente el estiércol de caballo, resultaba muy eficaz, produciendo el tétano. Durante la charla se habló del empleo de venenos (DOKU YAKU) por parte del shinobi.

Estos venenos eran de origen vegetal: acónito, arsénico, setas y hongos, mineral: mercurio, plomo… y de origen animal: sapos, serpientes, arañas… Centrándonos en las de origen vegetal, de donde se emplean tanto hojas, tallos, frutos y raíces.

Se comentó que una forma fácil de inhabilitar alas tropas enemigas era introducir tallos de angélica en el fuego del campamento, que produce un humo aromático que provoca estados de visiones y locura, creando una gran incertidumbre en el campamento.

Antes de la cena se realizó un taller práctico de panificación, realizada con harinas elaboradas por medio de bellotas (las de roble son más amargas y la de la encina más agradable, aunque ambas sirven.) y como realizar levadura madre.

Confeccionando en el horno unas hermosas hogazas para la mañana siguiente.

La cena corrió a cargo de la Euskal Bujinkan, con una cena nipona: témpura de verduras, sopa de algas y shushimaki, con un buen té verde.

El domingo por la mañana después de un desayuno naturista: café realizado con achicoria y raíz de diente de león, zumo de zanahorias con polen, pan con mermelada casera y fruta. Emprendimos una larga caminata por un hermoso paisaje. Separados por binomios, pasamos a la recolección fotográfica de las especies silvestres (es lo que tienen las cámaras digitales).

A la semana siguiente en el taller se examinaron las fotografías y los participantes comentaron sus propiedades y partes comestibles, dando por finalizado el curso.

De esta experiencia nos quedamos con las salidas de los sábados por la mañana, donde tuvimos la oportunidad de hablar con personas mayores de los pueblos que recorríamos, sabiduría inagotable y muy dispuestas a colaborar.

Félix Llarena - Shisoshi

2012-06-03