Clases infantiles

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Las clases infantiles son el mayor reto para el instructor. Hay que ser psicólogo, animador y hasta padre.

Personalmente pienso que la edad más adecuada para empezar una disciplina marcial es a los 9 años. El alumno infantil es un terremoto, incansable, al que tendremos que corregir sin castigarle, motivándole. Tenemos que conseguir que se integre en el grupo, que participe en él, esa es una de sus principales necesidades, ayudándole en su autoestima.

La forma más fácil para aprender es el JUEGO, aquí entra en juego la pericia del instructor. El juego ayuda al desarrollo integral. Con el juego aprenden las reglas y a socializar con el grupo.

El instructor tiene que ser capaz de conseguir su atención y explicar fácilmente el ejercicio sin cansarle, ya que su atención vaga libremente.

En estas edades suelen ser muy competitivos, gustándoles ganar por cualquier medio, aún con trampas.

Un buen ejercicio es el Tsubute Sasaki, por el cual estimularemos la concentración y los reflejos. Formando la clase en dos grupos se lanzaran pelotas de goma espuma, esquivándolas. Hay que conseguir su participación, para que no se aburran.


En esta fase trabajaremos ejercicios para mejorar su psicomotricidad, coordinación y equilibro.

Las repeticiones, como por ejemplo el KIHON HAPPO, les aburren. Es mejor evitar ejercicios de violencia y fuerza, y por supuesto evitar cualquier técnica de KANSETSU WAZA (“Técnicas en las articulaciones”), ya que a estas edades disponen de unas articulaciones muy flexibles pero también resultan muy frágiles. Con un trabajo adecuado conseguirán un mayor crecimiento óseo y el fortalecimiento de las articulaciones.

Los rodamientos y las caídas les encantan, aunque prefiero que las realicen sobre una colchoneta y no directamente sobre el tatami. Al estar familiarizados con el suelo aprenderán rápidamente cualquier rodamiento. La práctica del Shiho Tenchi Tobi es otro de los ejercicios que les encanta. Saltar y trepar también les proporcionará resistencia y flexibilidad.

Les gusta y respetan la disciplina, aunque sean infantiles necesitan de esta figura. Les encanta ser premiados, mimados y recompensados, aunque sea con un simple “choca los cinco”. El calentamiento es un punto importante, los ejercicios “del cuerpo de Dragón” les proporcionarán flexibilidad y equilibrio.


Hay que lograr que aprendan y realicen correctamente los saludos y las normas de etiqueta (“REIHO”) como cualquier alumno adulto, favoreciendo el proceso hacía la madurez y la integración social. El Dojo, aunque sea un lugar donde se practica la cortesía y la educación, también es su zona de juego.

El instructor es la figura a imitar por lo que se esforzará en acentuar las virtudes marciales: respeto, cortesía, sinceridad, etc. Como dice Hatsumi Sensei: “Hay que plantar la semilla del BUDO en su corazones”.

En el próximo artículo hablaremos de ejercicios y juegos en las clases infantiles, explicando el desarrollo de una clase infantil de ninpo.



Felix Llarena -SHIDOSHI

2011-07-04